jueves, 3 de enero de 2013

RETABLO CANARIO DEL SIGLO XIX

EL DOCTOR DOMINGO BELLO Y ESPINOSA
(1817-1884)


Retablo Canario del Siglo XIX,
Aula de Cultura de Tenerife, 1968.

Domingo Bello y Espinosa
Nace en La Laguna el 31 de julio de 1817. Fueron sus padres el Licenciado en Derecho y Profesor de la Universidad de San Fernando, don Domingo Bello Lenard (1) y doña Ana Espinosa y Carta. Fue hermano del pintor y discípulo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, José Lorenzo Bello y Espinosa (1825-1890), nacido asimismo en La Laguna (2).
A Domingo Bello Espinosa se le bautiza el 2 de agosto inmediato. Doctórase en Derecho en la Universidad Fernandina, después de sus estudios de Bachiller en el Instituto de su ciudad natal. En octubre de 1842 el Ayuntamiento de La Laguna encomienda a don Domingo Bello y a don Pedro Maffiotte planos y presupuestos para el aprovechamiento de aguas de la mencionada ciudad, por considerar la Corporación que eran ellos las personas más aptas para realizar este cometido.
Ejerce durante algún tiempo el cargo de Alcalde de La Laguna. El Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, en Junta de Gobierno de fecha 21 de diciembre de 1845, le elige Secretario del mismo, y cesa el 17 de enero de 1847. Le había precedido en el cargo el escritor y letrado isleño José Plácido Sansón Grandy, y le sucedió el doctor don Juan Botas Dapelo, discípulos ambos de la Universidad lagunense.
En 1850 embarcóse para Puerto Rico, donde se casa con doña Leocadia Raldiris y Ferrán, natural de Mayaguay (Puerto Rico), en la que hubo dos hijos, allí nacidos: Isabel y José.
En aquella isla abre su estudio de abogado y dedícase con intensidad a su labor de jurisconsulto, consagrando las horas que le deja libre el bufete a investigar y clasificar la flora portorriqueña. Después de haber permanecido treinta años en Puerto Rico, retorna a Tenerife en 1880 y se establece en la ciudad de su nacimiento.
Conocía el francés y el inglés. Estuvo no sólo en América sino también en varias naciones europeas como Francia y Alemania. De voluntad de acero para el estudio, con afán de autodidacta, debió a su personal esfuerzo vastos conocimientos en matemáticas, astronomía y botánica. Conocedor del dibujo y de la pintura, los utilizaba para sus trabajos de botanista. Lord Byron fue su poeta predilecto, tanto, que tradujo y publicó fragmentos de Childe Harold.
Después de una vida de labor intensa, muere en Santa Cruz de Tenerife el 21 de enero de 1884. En el cementerio de San Rafael y San Roque, sobre amplio sepulcro de mármol léese este epitafio: "El Doctor Don Domingo Bello Espinosa. 21 de enero de 1884". El 15 de enero de 1884 había otorgado testamento ante el notario don Rafael Calzadilla y Calzadilla.
Fue colaborador de la "Revista de Canarias" y de "La Ilustración de Canarias", además de haber publicado en los "Anales de la 'Sociedad de Historia Natural de Madrid" (3) sus Apuntes para la flora de Puerto Rico, obra de la que se hicieron separatas, y de la que hay ejemplares en algunas Bibliotecas de Tenerife (4).
De sus artículos en la prensa tinerfeña mencionaremos: La vitalidad de los mares (5); Magnetismo y espiritismo (6); La monja de Santa Águeda (7); El pozo de Sabinosa; Carta de un tacorontero en París (8); Una excursión más allá de las nubes (9) y La Isla de San Borondón (10).
Con el título de La Isla de San Borondón, publica también un artículo en 1881 en el "Diario de Tenerife" el escritor canario Antonio María Manrique Saavedra, natural de Tetir (Fuerteventura) y notario de Arrecife. Autor, además, de artículos como: Santa Cruz de Mar Pequeña, Estudios sobre el lenguaje de los primitivos canarios (11); La presa de un negrero (12) y Una excursión por Lanzarote (13). Escribió, amén de ésto, las siguientes obras: Blake (14); Resumen de la historia de Lanzarote y Fuerteventura (15); Elementos de geografía e historia natural de las Islas Canarias (16), y, principalmente, Guanahaní (17), su obra de más empeño en la que puso sus más caras ilusiones, según se infiere de cartas suyas que conservamos en nuestro Archivo.
De esta obra de Manrique dijo la "Sociedad Geográfica" de Madrid que era un libro importante. El tema de Santa Cruz de Mar Pequeña apasionó mucho a otros literatos canarios de la pasada centuria. El escritor peninsular Pelayo Alcalá Galiano publicó un opúsculo para impugnar algunas de las teorías formuladas por Antonio María Manrique sobre Santa Cruz de Mar Pequeña (18).
Pero volvamos a Domingo Bello Espinosa. Lo último que publicó fue un breve artículo que, fechado en 30 de noviembre de 1883 y en Tegueste, escrito aproximadamente mes y medio antes de morir, aparece en el número extraordinario de "La Ilustración de Canarias" que dedicó a la inauguración del cable (19).
La Botánica fue la ciencia predilecta de Bello y Espinosa. Los trabajos suyos que sobre esta materia conocemos son los siguientes: Apuntes botánicos de las Islas Canarias (1878), Un jardín canario (1879) (20), Apuntes para la flora de Puerto Rico (21), Catálogo de las plantas de las Islas Canarias, obra inédita de Viera y Clavijo, publicada con notas del doctor Bello Espinosa (22).
En el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, consérvanse originales de trabajos botánicos de nuestro esclarecido lagunero. De las citadas obras botánicas de Bello y Espinosa son, sin duda ninguna, las mejores: Apuntes para la flora de Puerto Rico y Un jardín canario.
Los Apuntes para la flora de Puerto Rico constituyen el primer ensayo científico sobre la misma. En Un jardín canario expone Bello y Espinosa la flora de nuestra isla. Para el desarrollo de su tema finje el autor que hallándose en Sanghai, encuentra a un tinerfeño, nacido en el Puerto de la Cruz, y de apellido González, que, ausente muchos años de su país y habiendo adquirido grandes riquezas, funda en una de sus posesiones un jardín, donde crecen todas las especies de flora canaria. En éste levántase una estatua a don José de Viera y Clavijo, cuyo Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, debió ser lectura predilecta de Bello y Espinosa.
Este, pone en boca de González el siguiente elogio de Viera y Clavijo: "Este fue el hombre (23) que a un gran saber, a una suma inmensa de conocimientos, a un gusto exquisito en literatura, unió las grandes virtudes del sacerdote, sin excluir la fina sociedad del cortesano, ni aún la jovialidad y gracioso chiste de un huésped amable. Predicador sobresaliente, de fácil y elocuente palabra; poeta fecundísimo; escritor elegante y castizo; historiador erudito y ameno; químico; aventajado naturalista; ardiente patricio; todo lo fue Viera por la fuerza de su voluntad y por la inspiración de su genio".
González y Bello deambulan por el jardín, contemplan las diversas especies botánicas y explican a la par las características de cada una de ellas por medio de diálogos amenos, que entretienen e instruyen al lector acerca de la flora canaria.
Francisco María Pinto, primer biógrafo de Domingo Bello y Espinosa (24), dice que Un jardín canario es el libro más ameno, instructivo y con mayor sabor al país que de muchos años acá se haya publicado en Canarias (25).

(Miércoles, 19 de julio de 1950)

(1) Catedrático de Matemáticas. Vid León: Historia de Canarias, pág. 147.
(2) Del que tampoco pudo añadir nada María Rosa Alonso en su Catálogo de pintores.
(3) Tomo X, 1881, págs. 231-304 y tomo XII, 1883, págs. 103-30. Estos Apuntes están fechados en La Laguna, julio de 1880.
(4) Entre ellas en la Sección Canaria de la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.
(5) "Revista de Canarias" n.° 5, pág. 74, del 8 febrero 1879. Es una recensión de la obra de Berthelot, Vitalité des mers, publ. en Marseille, 1878.
(6) "Revista de Canarias", núms. 7 y 8 de 8 y 23 de marzo de 1879, pág. 99 y 113. Magnetismo animal y espiritismo. Seguidamente a estos artículos, el 21 de abril de 1879, Miguel Miranda publica un folleto de 48 págs., estampado en la Imp. de J. Benítez, en el que analiza y rebate las ideas fundamentales de Bello y Espinosa. A continuación, éste escribe en la misma "Revista de Canarias", n. º 16 de 23 de julio de 1879, pág. 250, Algunas palabras más sobre magnetismo animal y espiritismo, en controversia con Miguel Miranda.
(7) "Revista de Canarias", n. º 42, de 23 de agosto de 1880, pág. 256 a 258.
(8) Revista cit. núms. 51 y 52, de 8 y 23 de enero de 1881, págs. 1 y 21.
(9) Ibid. año 1881.
(10) "La Ilustración de Canarias", nº XV del 15 de febrero de 1883, con un grabado que reproduce el dibujo de Viera y Clavijo en los Apuntes para la Historia de Canarias.
(11) "Revista de Canarias", año 1881. En cinco partes.
(12) "La Ilustración de Canarias" n.° XI, de 15 de diciembre de 1882, pág. 69.
(13) "Revista de Canarias", año 1881.
(14) O la guerrilla de Caramuel, reproducida por Leoncio Rodríguez en su "Biblioteca Canaria".
(15) Arrecife, Tip. Francisco Martín González, 1889, 152 págs.
(16) Las Palmas, 1873,
(17) Investigaciones histórico-geográficas sobre el derrotero de Cristóbal Colón por las Bahamas y Costa de Cuba. Arrecife, Imp. De Lanzarote, 1890, 230 págs. + 1 mapa.
(18) Memoria sobre la situación de Santa Cruz de Mar Pequeña en la costa Noroeste de África. Madrid, Imp. de los Sucesores de Rojas, 1878, 48 págs. + 1 mapa,
(19) Diciembre de 1883, pág. 14, en que dice: "La verdadera riqueza del Archipiélago Canario consiste en su posición geográfica, que nunca se ha sabido aprovechar. El telégrafo submarino es un gran paso en la senda del progreso; falta ahora desarrollar todas sus consecuencias, con unión y patriotismo".
(20) "Revista de Canarias", n. º 21 y sig.
(21) La Laguna, Tip. Craus, 1881, II vols.
(22) En "Revista de Canarias", año 1882,
(23) Pág., 34.
(24) Biografía que se publica en "La Ilustración de Canarias" del 15 de febrero de 1884, con un retrato de Bello y Espinosa, por A. C. Romero. De esta biografía extrae Padrón Acosta la mayor parte de sus datos acerca del botanista.
(25) Obras de Francisco M. ª Pinto, publicadas por el "Gabinete Instructivo". Santa Cruz de Tenerife, Imp. Isleña, 1888, pág. 237. Publicó Bello y Espinosa en la "Revista de Canarias", en el año 1880 otro trabajo titulado Sharfenberg, en que describe aquella isla inmediata a Postdam. La monja de Santa Águeda es una especie de novela corta en XIV epígrafes, escrita en 1847.

Edición y notas de:
Marcos G. Martínez

NOTA: SI SE QUIERE INFORMACIÓN SOBRE EL AUTOR DE ESTA BIOGRAFÍA PUEDEN PRESIONAR EN EL NOMBRE DEL AUTOR.. DEBAJO DEL TÍTULO O IR DIRECTAMENTE AL ENLACE A ESTE MISMO BLOG QUE LES OFRECEMOS A CONTINUACIÓN... SEBASTIAN PADRÓN ACOSTA

lunes, 31 de diciembre de 2012

2013: FELICITACIÓN DE LA A. C. "DLSDA"


LA ASOCIACIÓN CULTURAL "DESDE LA SOMBRA DEL ALMENDRO" DESEA ENVIAR UN MENSAJE A TODAS Y TODOS LOS QUE NOS HAN ESTADO APOYANDO EN LAS REDES SOCIALES, DESDE QUE NACIMOS EN JULIO DE 2011. A LOS QUE COMPARTEN NUESTROS OBJETIVOS Y SE HAN DECIDIDO A FORMAR PARTE DE NUESTRA ASOCIACIÓN COMO SOCIOS... SIMPATIZANTES .... COLABORADORES ... O AMIGOS Y VISITANTES QUE VISITAN NUESTRAS REDES SOCIALES Y LES AGRADAN NUESTRAS PUBLICACIONES.... 
A TODOS ELLOS LES DESEAMOS UNA ¡¡FELIZ NOCHEVIEJA!!.... Y SOBRE EL NUEVO AÑO 2013... REITERAMOS EL DESEO DE UN "MUNDO MEJOR" MÁS JUSTO E IGUALITARIO.... SIN MÁS RECORTES NEOLIBERALES... SIN RECORTES EN EDUCACIÓN, CULTURA Y SANIDAD... UN CAMBIO NECESARIO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA QUE ACABE CON LA AUSTERIDAD Y EL DÉFICIT CERO...  


¡¡FELIZ AÑO NUEVO 2013!!

lunes, 26 de noviembre de 2012

27 NOVIEMBRE 1871: FUSILAMIENTO EN CUBA DE OCHO ESTUDIANTES

NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY: CRONISTA Y PROTAGONISTA HACE 141 AÑOS

Nicolás Estévanez se encontraba en Cuba, cuando se produce el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina en La Habana, fueron detenidos en La Habana, el día 24, acusados falsamente de haber arañado la tumba de un periodista español.
Al día siguiente los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo. Todos los años los cubanos celebran el aniversario con marchas juveniles y diversos actos y conferencias, y también se acuerdan este día de la valiente actitud de nuestro paisano Nicolás Estévanez, que como consecuencia de la experiencia vivida, abandona definitivamente el ejército español, indignado y avergonzado ante semejante injusticia y afrenta. 

PLACA COLOCADA EN LA "ACERA DEL LOUVRE" (LA HABANA)

Nicolás Estévanez nos ofrece en sus Memorias, una crónica detallada de aquellos días que vivió con sufrimiento y pesar, estos acontecimientos históricos que dejaron un recuerdo inborrable en la memoria colectiva del pueblo cubano. 

NARRACIÓN EN LAS "MEMORIAS" DE NICOLÁS ESTÉVANEZ ... (1)

EN LA HABANA DE REMPLAZO

En cuanto desembarqué hice mis presentaciones oficiales. Quedé en situación de remplazo; es decir, con la única obligación de pasearme por la acera del Louvre, por la alameda de Paula o por los muelles. No me sorprendió el que no me dieran colocación activa ni en guarnición ni en campaña, porque en La Habana había una verdadera inundación de jefes y oficiales. Algunos llevaban años paseándose por Carlos III y murmurando de todo.
En La Habana se conocía bien poco, o no se conocía, que hubiera guerra. Los paseos animados, los cafés muy concurridos, los teatros llenos, los negocios en plena actividad y en el puerto multitud de barcos. Los periódicos mismos, si hablaban de la guerra, era en una sección muy secundaria, como de cosa corriente y sin importancia alguna.
CAFÉ EL LOUVRE
La alegría de la ciudad, claro es, no podía ser general. Había familias de luto, hogares en duelo y ojos llenos de lágrimas. Pero eso no se veía, no podíamos apreciarlo bien los que éramos extraños a la sociedad criolla.

Oí contar las tropelías cometidas por los voluntarios en años anteriores, y desde luego creí, no que fueran en absoluto invenciones de los insurrectos, sino que se exageraban los excesos de un patriotismo exaltado.

Convencido, de que tardarían meses y años en darme colocación activa, si acaso me la daban, me dediqué a la lectura. En pocas semanas devoré más volúmenes que piñas.
Y así transcurrió el mes de noviembre, hasta que un día, creo que fue el 24, me dijeron que los voluntarios andaban algo revueltos con motivo de una broma de los estudiantes. Le di tan poca importancia a todo, así a la estudiantil calaverada, si por acaso era cierta, como a la calentura de los voluntarios, que no hice caso ninguno.
Al día siguiente supe que los estudiantes de medicina estaban presos, y alguien me anunció que iban a ser fusilados. Me eché a reír.
Pero la cosa era demasiado cierta, como luego se verá.
Sometidos los muchachos a un consejo de guerra y probada su inocencia, hubieran sido absueltos si los capitanes que constituían el tribunal militar no hubiesen tenido la debilidad de creer que se evitarían mayores males imponiéndoles algún castigo, y en consecuencia fueron sentenciados todos —eran cuarenta y cinco— a la pena de arresto mayor y multa.
Pero la sentencia, por benigna, exasperó a las fieras, a los voluntarios brutales y carnívoros, que se amotinaron en la Punta, donde está la cárcel. A mi barrio no llegaba el ruido porque yo vivía muy lejos.
Ignoraba, pues, que se había constituido nuevo consejo de guerra, compuesto en su mayoría de voluntarios, el cual dictó ocho sentencias de muerte. Sentencias ilegales, como el consejo mismo, cuya formación no debió consentir la autoridad.
Estaba ausente el capitán general, conde de Valmaseda, y había recaído el mando en otro general, que cedió cobardemente a la presión de una turba inconsciente, insubordinada y sanguinaria.

FUSILAMIENTOS DE ESTUDIANTES

El día 27 —creo que fue el 27— lo pasé en mi casa leyendo todo el día, sin que llegaran a mí ni noticias ni rumores. A la tarde salí tranquilamente con dirección al Louvre, y me llamó la atención que estuvieran solitarias las calzadas y silenciosa la calle de San Rafael. Todas las tardes a la misma hora estaba el café del Louvre, como los contiguos, rebosando gente, y me detuve a la puerta, muy sorprendido de que allí no hubiera casi nadie. En aquel momento llegó a mis oídos el ruido seco de una descarga cerrada.

- ¿Qué ocurre...?—le pregunté a uno de los camareros.
- Que los están fusilando
- ¿A quién?
—A los estudiantes.
Nunca, ni antes ni después, en ninguno de los trances por los que he pasado en la vida, he perdido tan completamente la serenidad. Me descompuse, grité, pensé en mis hijos, creyendo que también los fusilaban; no sé lo que me pasó; ahora mismo no acabo de explicármelo. Dos camareros se apoderaron de mí, encerrándome en un patinillo, sin lo cual es posible que a mí también me hubieran asesinado cuando las turbas aullando volvían del fusilamiento. Al poco rato se abrió la puerta del patio y entró uno de aquellos honrados camareros con otra persona para mí desconocida; era, sin duda, un cirujano, pues sin examinarme y sin hablarme siquiera me sangró. Después me llevaron
a mi casa en coche.
Si por casualidad, o sin casualidad, viven aún aquellos camareros o el cirujano, y cayera en sus manos este libro, les agradecería que me escribieran; porque todavía no les. he dado las gracias... ni he pagado el coche.
No dormí; formé el propósito de abandonar la isla, donde cualquier día podría tener la desgracia de formar parte de algún consejo de guerra, y yo no era capaz de condenar inocentes por ningún género de consideraciones. Aquella noche de insomnio y pesadillas la recuerdo ahora como un delirio confuso, como un tormento borroso por la distancia, como el martirio de un hombre a quien arrancan de cuajo, no los miembros, sino el alma, los más arraigados sentimientos y todas las ilusiones.
Yo no conocía más que a uno de los fusilados; no lo había conocido en Cuba, sino en Llanes, cuando él era muy niño; pero lo que agitaba mi conciencia y me perturbaba el ánimo no era solamente el crimen de lesa humanidad, sino también el baldón eterno para España.

ABANDONO LA HABANA. PATRIOTISMO

Sí; la fría razón podrá decirnos que la patria es una convención, un artificio; que las fronteras no son inmutables; que así como se muere por casualidad en cualquier parte del mundo, también se nace en cualquiera por pura casualidad. Pero la razón no puede nada contra el sentimiento, y yo no podía renegar ni prescindir de una patria por la que siempre he sentido algo semejante a la veneración. ¿Es una insensatez? ¿Es un absurdo?
Conforme; pero que me arranquen las entrañas, porque en ellas, y no en el raciocinio, está lo que tengo de patriota.
El patriotismo fue, precisamente, lo que me hizo abandonar la isla de Cuba. Yo no podía permanecer en ella. Si hubiese permanecido, seguramente hubiera acabado mal: antes que la patria están la humanidad y la justicia. Por otra parte, el ejército en La Habana carecía de fuerzas para resistir a los voluntarios, para desarmarlos, para disolverlos, para exterminarlos si era menester, en desagravio de España. Pero pudo a lo menos protestar de la conducta de los voluntarios, y no lo hizo; lo que hizo entonces, como antes y después, fue prodigarles inmerecidas lisonjas que constan en documentos públicos. Una vergüenza.
Pasarán los años y los siglos, y cuando nadie se acuerde, ni aun la Historia, de la existencia de los voluntarios, subsistirá el borrón, la mancha indeleble que echaron torpemente sobre España los cobardes asesinos. Y caerá también sobre el honrado ejército español, por no haber querido o no haber podido refrenar los desmanes de las fieras.



Los batallones de voluntarios de Cuba se componían de españoles y de cubanos adictos, gente en general tosca y grosera. En algunos pueblos prestaron buenos servicios a España y se batieron bien; pero en las ciudades grandes, y en La Habana particularmente, no hicieron más que perturbar con sus abusos, con sus exigencias, con sus crímenes. Tenían por toda excusa el patriotismo inconsciente, y bien dirigidos habrían podido ser útiles.
Pero sus jefes, sus consejeros, sus guías, los que los azuzaban a perpetrar todo género de enormidades, eran los viles negreros, piratas enriquecidos, y algunos abogados charlatanes y ciertos defraudadores del Estado, corruptores de los funcionarios, que se valían de las masas para sus fines políticos y para sus negocios. Hasta para delinquir invocaban el honor de España. Lo que el honor de España reclamaba no era sangre de inocentes, ni siquiera de culpables, sino justicia, humanidad y honradez. Hubiéralas habido, y no seríamos, como lo seremos, execrados por la Historia.

El capitán general, que estaba en campaña dirigiendo las operaciones, volvió a La Habana precipitadamente; pero cuando llegó se habían consumado el crimen y la deshonra. Todavía era tiempo de evitar la última, castigando a los culpables, pero no lo hizo; creo que ni siquiera lo pensó.
(1) Fragmentos de mis Memorias. Nicolás Estévanez y Murphy. Madrid. Hijos de R. Álvarez tip., 1903, 2ª edición



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martes, 13 de noviembre de 2012

NICOLÁS ESTÉVANEZ: "MI RETRATO" (POEMA)

RECITAL "LA SOMBRA DEL ALMENDRO" 
EN EL PUB "MALAVIDA"
TRIBUTO A D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)


JUEVES 8 DE NOVIEMBRE DE 2012

El poema "MI RETRATO" fue recitado de forma magistral y sentida por el poeta FERNANDO SENANTE y cantado por NACHO KALIMA con el acompañamiento musical de la guitarra de Ruben Díaz, integrantes de "KALIMA & SOLFATARA"


"MI RETRATO"

Yo pertenezco á una raza
de distinguido abolengo,
cuyo origen se remonta
al principio de los tiempos.
Como otros de cien caudillos
ó de ilustres caballeros
que fueron á las cruzadas
y más ilustres volvieron,
yo desciendo de una estirpe
de esclavos, blancos ó negros,
y de mil generaciones
de soldados y plebeyos.
Si fueron á las cruzadas
algunos de mis abuelos,
en vez de volver con gloria
dejaron allá los huesos.
Entre mis progenitores
hubo algunos que murieron
en la vil horca, reinando
en Castilla el rey don Pedro.
El monarca, y el verdugo
(Su natural complemento),
les arrancaron la vida
y así los ennoblecieron.
De las tres aristocracias
que invocan sus privilegios
alegando la fortuna
el origen ó el talento,
la primera es despreciable,
la segunda no la temo,
la tercera, más temible,
es la que más aborrezco.
Es preferible un tirano
gobernando con el hierro
que al fin y al cabo sucumbe
ante las iras del pueblo,
á filósofos menguados
y sofistas leguleyos
que son la plaga del siglo
con sus mentidos talentos.
Hipócritas pretextando
la justicia y el derecho,
destruyen la democracia
y corrompen á los pueblos.
Tal vez me resignaría
si por culpa de mi abuelo
hubiera nacido noble
como un duque de los viejos;
pero si hubiera nacido
en el mundo del dinero,
en la indigna aristocracia
del tres ó del mil por ciento;
si hubiera venido al mundo
para explotar un talento
que no es jamás infalible
y en los sabios mucho menos,
renegara de mi nombre,
viviría sin consuelo,
como vivo con orgullo
proclamando á voz en cuello
que en la plebe tuve origen
y que he de morir plebeyo.



Nací en las costas canarias
que bate un mar turbulento
entre volcánicas rocas
y barrancos pintorescos.
Me arrullaron en la cuna
los bramidos del Océano,
y mi abuela me contaba
allá en mis años primeros,
de Cabrera los horrores,
el patriotismo de Riego,
el martirio de Zurbano
y el arrojo de Espartero.
Por eso el mar es mi musa
y la libertad mi cielo,
que jamás con oraciones
ni con brujas ni con cuentos
mi conciencia perturbaron
trastornándome el cerebro.
Cuando viajo por los montes,
cuando por el mar navego,
do quiera la mente mía
se finge dulces recuerdos.
y mientras mis camaradas
consultan el derrotero,
ó la polar determinan,
ó el meridiano del Hierro,
yo contemplo las espumas
de los cortadores remos.
ó la estela de la nave,
ó el azul del firmamento.


Era yo niño y mi padre
que ya entonces era viejo,
pero viejo volteriano
partidario del progreso,
quería que yo tomara
un oficio malo ó bueno
siguiendo mis aficiones
y mi vocación siguiendo.
¡Mi vocación! ¡Cómo había
de averiguarla de cierto
por mucho que se esmerara
en su paternal empeño,
si yo mismo no he logrado
en los años que ya tengo
saber para lo que sirvo
ni averiguar lo que quiero!
Mi vocación todavía
es un oscuro misterio,
y si acaso tengo alguna
ni lo sé ni lo sospecho.
He sido, pues, muchas cosas
en este mundo perverso:
estudiante, periodista,
militar y guerrillero,
varias veces diputado
y fabricante de versos.
Hícelos desde muy joven
al vespertino lucero,
y á las trenzas de una rubia,
y á una niña de ojos negros
que ya serán á estas horas
venerables monumentos.
Estudié filosofía
con respetables maestros,
y si me enseñaron algo
á estas horas no me acuerdo.
Tomé bastantes lecciones
de náutica y de comercio
que de poco me han servido
según el caudal que tengo.

Por último me filiaron
en el militar colegio,
donde estudié lo que pude,
y he perfeccionado luego
mis estudios militares
en distintos campamentos
y en los mejores castillos
que hay en ambos hemisferios.
Confieso que no sabría
mejor que un picapedrero
levantar un edificio
ni trazar un mal proyecto;
pero no hay puente en el mundo
de campaña ni de hierro,
ni reducto, ni palacio,
ni cuartel ni parapeto,
que yo solo no destruya
si me dan mimbres y tiempo.
Ya he visto saltar algunos,
y si vivo lo que pienso,
aun me siento con pujanza
y tengo bastante aliento
para trastornar el mundo
con la pluma y con el fuego.


Cuando acabé mis estudios
allá en la imperial Toledo,
salí con mucho entusiasmo
destinado á un regimiento.
Hice guardias, muchas guardias,
y muchos destacamentos,
y tuvo muchas patronas
y muchísimos arrestos;
pero tengo la fortuna
de que consten todos ellos,
así como los motivos
porqué me los impusieron.
En vano es que la calumnia
y la envidia y el despecho
desfiguren mi pasado
involucrando los textos.
Si me han impuesto castigos,
si me han sumariado y preso,
ha sido por mi constancia
en sustentar lo que creo,
por haber roto algún palo
encima de algún sujeto,
ó por haberme reído
de generales ineptos.
Si alguna vez he faltado
a la ley ó al reglamento,
sería porque no estaban
con mis principios de acuerdo;
y no hay código en el mundo
más digno de mí respeto,
que mi conciencia sin mancha
y mi espíritu sin freno.
Censúrenme los qué aplaudan
el servilismo rastrero
y la obediencia pasiva
de miserable instrumento;
pero yo tengo bastante
para vivir satisfecho,
con mi conciencia tranquila
y el aplauso de los buenos.



En la gloriosa campaña
del imperio de Marruecos,
vertí mi sangre con honra
y no sin algún provecho.
Me he batido por España
en uno y otro hemisferio,
y he perdido la memoria
de los combates y encuentros,
batallas y escaramuzas,
donde hipotecando el cuerpo
mi carrera fui labrando
y no á paso de cangrejo.
Como soy de infantería
no soy á caballo diestro;
pero he cabalgado mucho
por montes y vericuetos,
unas veces perseguido,
y otras varias persiguiendo,
mas nunca tan arrogante
como cuando satisfecho
por delante de mi novia
ostentaba mis arreos.
Entonces, como decía
Góngora en sus buenos tiempos,
tan gallardo iba el caballo
que en grave y airoso huello
con ambas manos media
lo que hay de la cincha al suelo.



Y suprimo varias cosas
por no contarlas al vuelo;
ni le interesan á nadie
mis viajes al extranjero,
ni al Senegal mi visita
de la que volví tan fresco,
ni si estuve en Salamanca
(y no estudiando derecho),
ni si en el de San Francisco,
mi caballo predilecto,
he corrido toda España,
de Cádiz al Pirineo,
de Galicia á Cataluña,
de Irún á Despeñaperros.

Seis viajes al Nuevo mundo
y un naufragio por incendio
y otras cosas que me callo
por no llenar un cuaderno,
hacen mi existencia propia
para un romance de ciego;
que en los Estados Unidos,
en las Antillas, en Méjico,
en las orillas del Plata
y de paso en Río Janeiro,
he vivido trabajando
aunque sin ganar dinero;
y es que á mí no me hace falta;
me desprecia y lo desprecio;
sin él la vida me paso
y no me falta el sustento,
pues como todos los días
y todas las noches ceno
con más salud y apetito
que un cardenal camarlengo.


No hay para mí desengaños
ni conozco el desaliento;
vivo de mis ilusiones
y gozo con mis recuerdos;
paso la vida soñando
como otros viven durmiendo;
la experiencia es una farsa,
pues no hay humano escarmiento
que modifiquen en el hombre
su figura ni su genio.
Demócrata por carácter,
libre por temperamento,
en las ciudades me asfixio,
en la sociedad me muero.
La independencia es mi vida,
lo libertad es mi anhelo,
y si vivo desgraciado
es porque estoy prisionero
encerrado en este mundo,
que es un calabozo estrecho,
como prisionero vive
el arroyo turbulento
que va por el mismo cauce
siglos y siglos corriendo;
como es prisionero el monte
al continente sujeto,
siempre sobre el mismo valle,
siempre bajo el mismo cielo;
como entre costas lejanas
el mar está prisionero,
y está prisionero el mundo
que va girando sin término
siempre por la órbita misma,
que limitando su vuelo,
de otros mundos lo separa
¡de otros mundos prisioneros!

Nicolás Esténez, Romances y Cantares, 1881

 NOTA: Proximamente, incorporaremos el audio del poema recitado y cantado el jueves 8 de noviembre.