RECITAL "LA SOMBRA DEL ALMENDRO"
EN EL PUB "MALAVIDA"
TRIBUTO A D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)
JUEVES 8 DE NOVIEMBRE DE 2012
El poema "MI RETRATO" fue recitado de forma magistral y sentida por el poeta FERNANDO SENANTE y cantado por NACHO KALIMA con el acompañamiento musical de la guitarra de Ruben Díaz, integrantes de "KALIMA & SOLFATARA"
"MI RETRATO"
Yo pertenezco á una raza
de distinguido abolengo,
cuyo origen se remonta
al principio de los tiempos.
Como otros de cien caudillos
ó de ilustres caballeros
que fueron á las cruzadas
y más ilustres volvieron,
yo desciendo de una estirpe
de esclavos, blancos ó negros,
y de mil generaciones
de soldados y plebeyos.
Si fueron á las cruzadas
algunos de mis abuelos,
en vez de volver con gloria
dejaron allá los huesos.
Entre mis progenitores
hubo algunos que murieron
en la vil horca, reinando
en Castilla el rey don Pedro.
El monarca, y el verdugo
(Su natural complemento),
les arrancaron
la vida
y así los ennoblecieron.
De las tres aristocracias
que invocan sus privilegios
alegando la fortuna
el origen ó el talento,
la primera es despreciable,
la segunda no la temo,
la tercera, más temible,
es la que más aborrezco.
Es preferible un tirano
gobernando con el hierro
que al fin y al cabo sucumbe
ante las iras del pueblo,
á filósofos menguados
y sofistas leguleyos
que son la plaga del siglo
con sus mentidos talentos.
Hipócritas pretextando
la justicia y el derecho,
destruyen la democracia
y corrompen á los pueblos.
Tal vez me
resignaría
si por culpa
de mi abuelo
hubiera
nacido noble
como un duque
de los viejos;
pero si hubiera
nacido
en el mundo
del dinero,
en la indigna
aristocracia
del tres ó
del mil por ciento;
si hubiera
venido al mundo
para explotar
un talento
que no es
jamás infalible
y en los
sabios mucho menos,
renegara de
mi nombre,
viviría sin
consuelo,
como vivo con
orgullo
proclamando á
voz en cuello
que en la
plebe tuve origen
y que he de
morir plebeyo.
Nací en las costas canarias
que bate un
mar turbulento
entre
volcánicas rocas
y barrancos
pintorescos.
Me arrullaron
en la cuna
los bramidos
del Océano,
y mi abuela
me contaba
allá en mis años
primeros,
de Cabrera
los horrores,
el
patriotismo de Riego,
el martirio
de Zurbano
y el arrojo
de Espartero.
Por eso el mar es mi musa
y la libertad mi cielo,
que jamás con oraciones
ni con brujas ni con cuentos
mi conciencia perturbaron
trastornándome el cerebro.
Cuando viajo por los montes,
cuando por el mar navego,
do quiera la mente mía
se finge dulces recuerdos.
y mientras mis camaradas
consultan el derrotero,
ó la polar determinan,
ó el meridiano del Hierro,
yo contemplo las espumas
de los cortadores remos.
ó la estela de la nave,
ó el azul del firmamento.
Era yo niño y mi padre
que ya entonces era viejo,
pero viejo volteriano
partidario del progreso,
quería que yo tomara
un oficio malo ó bueno
siguiendo mis aficiones
y mi vocación siguiendo.
¡Mi vocación!
¡Cómo había
de
averiguarla de cierto
por mucho que
se esmerara
en su paternal
empeño,
si yo mismo
no he logrado
en los años
que ya tengo
saber para lo
que sirvo
ni averiguar
lo que quiero!
Mi vocación
todavía
es un oscuro
misterio,
y si acaso
tengo alguna
ni lo sé ni
lo sospecho.
He sido, pues, muchas cosas
en este mundo perverso:
estudiante, periodista,
militar y guerrillero,
varias veces diputado
y fabricante de versos.
Hícelos desde muy joven
al vespertino lucero,
y á las trenzas de una rubia,
y á una niña de ojos negros
que ya serán á estas horas
venerables monumentos.
Estudié filosofía
con respetables maestros,
y si me enseñaron algo
á estas horas no me acuerdo.
Tomé bastantes lecciones
de náutica y de comercio
que de poco me
han servido
según el caudal que tengo.
Por último me
filiaron
en el militar
colegio,
donde estudié
lo que pude,
y he perfeccionado
luego
mis estudios
militares
en distintos
campamentos
y en los
mejores castillos
que hay en
ambos hemisferios.
Confieso que
no sabría
mejor que un
picapedrero
levantar un
edificio
ni trazar un
mal proyecto;
pero no hay
puente en el mundo
de campaña ni
de hierro,
ni reducto,
ni palacio,
ni cuartel ni
parapeto,
que yo solo no destruya
si me dan mimbres y tiempo.
Ya he visto saltar algunos,
y si vivo lo que pienso,
aun me siento con pujanza
y tengo bastante aliento
para trastornar el mundo
con la pluma y con el fuego.
Cuando acabé mis estudios
allá en la imperial
Toledo,
salí con mucho
entusiasmo
destinado á
un regimiento.
Hice guardias,
muchas guardias,
y muchos
destacamentos,
y tuvo muchas
patronas
y muchísimos
arrestos;
pero tengo la fortuna
de que consten todos ellos,
así como los motivos
porqué me los impusieron.
En vano es que la calumnia
y la envidia y el despecho
desfiguren mi pasado
involucrando los textos.
Si me han impuesto castigos,
si me han sumariado y preso,
ha sido por mi constancia
en sustentar lo que creo,
por haber roto algún palo
encima de algún sujeto,
ó por haberme reído
de generales ineptos.
Si alguna vez
he faltado
a la ley ó al
reglamento,
sería porque
no estaban
con mis
principios de acuerdo;
y no hay código en el mundo
más digno de mí respeto,
que mi conciencia sin mancha
y mi espíritu sin freno.
Censúrenme
los qué aplaudan
el servilismo
rastrero
y la
obediencia pasiva
de miserable
instrumento;
pero yo tengo
bastante
para vivir
satisfecho,
con mi
conciencia tranquila
y el aplauso
de los buenos.
En la gloriosa campaña
del imperio de Marruecos,
vertí mi sangre con honra
y no sin algún provecho.
Me he batido
por España
en uno y otro
hemisferio,
y he perdido la memoria
de los combates y encuentros,
batallas y escaramuzas,
donde hipotecando el cuerpo
mi carrera fui labrando
y no á paso de cangrejo.
Como soy de infantería
no soy á caballo diestro;
pero he cabalgado mucho
por montes y vericuetos,
unas veces perseguido,
y otras varias persiguiendo,
mas nunca tan arrogante
como cuando satisfecho
por delante de mi novia
ostentaba mis arreos.
Entonces, como decía
Góngora en sus buenos tiempos,
tan gallardo iba el caballo
que en grave y airoso huello
con ambas manos media
lo que hay de la cincha al suelo.
Y suprimo varias cosas
por no contarlas al vuelo;
ni le interesan á nadie
mis viajes al extranjero,
ni al Senegal mi visita
de la que volví tan fresco,
ni si estuve en Salamanca
(y no estudiando derecho),
ni si en el de San Francisco,
mi caballo predilecto,
he corrido toda España,
de Cádiz al Pirineo,
de Galicia á Cataluña,
de Irún á Despeñaperros.
Seis viajes al Nuevo mundo
y un
naufragio por incendio
y otras cosas
que me callo
por no llenar
un cuaderno,
hacen mi
existencia propia
para un
romance de ciego;
que en los
Estados Unidos,
en las Antillas,
en Méjico,
en las
orillas del Plata
y de paso en
Río Janeiro,
he vivido
trabajando
aunque sin
ganar dinero;
y es que á mí
no me hace falta;
me desprecia
y lo desprecio;
sin él la
vida me paso
y no me falta
el sustento,
pues como
todos los días
y todas las
noches ceno
con más salud
y apetito
que un
cardenal camarlengo.
No hay para mí desengaños
ni conozco el desaliento;
vivo de mis ilusiones
y gozo con mis recuerdos;
paso la vida soñando
como otros viven durmiendo;
la experiencia es una farsa,
pues no hay humano escarmiento
que modifiquen en el hombre
su figura ni su genio.
Demócrata por carácter,
libre por temperamento,
en las ciudades me asfixio,
en la sociedad me muero.
La independencia es mi vida,
lo libertad es mi anhelo,
y si vivo desgraciado
es porque estoy prisionero
encerrado en este mundo,
que es un calabozo estrecho,
como prisionero vive
el arroyo turbulento
que va por el mismo cauce
siglos y siglos corriendo;
como es prisionero el monte
al continente sujeto,
siempre sobre el mismo valle,
siempre bajo el mismo cielo;
como entre costas lejanas
el mar está prisionero,
y está prisionero el mundo
que va girando sin término
siempre por la órbita misma,
que limitando su vuelo,
de otros mundos lo separa
¡de otros mundos prisioneros!
Nicolás Esténez, Romances y Cantares, 1881
NOTA: Proximamente, incorporaremos el audio del poema recitado y cantado el jueves 8 de noviembre.







No hay comentarios:
Publicar un comentario