lunes, 17 de septiembre de 2012

NICOLÁS ESTÉVANEZ: "MIS ÚLTIMOS DESEOS" (1913).

SALÓN DE ACTOS DEL EX CONVENTO DE SANTO DOMINGO

SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA

"98 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)"


19 DE AGOSTO DE 2012

A. C. "DLSDA"

LECTURA DE POEMAS DE NICOLÁS ESTÉVANEZ

RECITADOS POR ELVIRA TRICÁS, CON EL ACOMPAÑAMIENTO MUSICAL DE "KALIMA & SOLFATARA".

PRESENTAMOS EL TEXTO Y EL VÍDEO DEL QUINTO POEMA RECITADO EN LA CONCLUSIÓN DEL ACTO: 

"MIS ÚLTIMOS DESEOS" (1913).
Encerrado en mi escritorio
me aburro como un jumento
por lo que tarda el momento
de ir al horno crematorio.

Huyeron las ilusiones
de la mocedad florida,
los encantos de la vida
y las vanas ilusiones.

Se acabaron los placeres,
las glorias y las locuras,
las bélicas aventuras
y el amor de las mujeres.

Y por eso en mi escritorio,
sin tempestad ni bonanza,
tengo puesta mi esperanza
en el horno crematorio.

No quiero dejar siquiera
un cadáver putrefacto
disolviéndose al contacto
de la inmunda gusanera.

En fin, para terminar,
allá va mi testamento:
«Dad mis cenizas al viento
en la orilla de la mar.

Y puede ser que el reflujo,
entre sordas cantilenas
las sepulte en las arenas,
de donde el azar me trujo...»

Entre tanto, es bien notorio
que me aburro en mi aposento.
¡Cuándo llegará el momento
de ir al horno crematorio!

NICOLÁS ESTÉVANEZ


NOTA: Este poema lo escribió Estévanez en París en 1911, según algunas fuentes, posteriormente aparece publicado en el Motín de Madrid el 3o de mayo de 1912, titulado "El último deseo". Y el que hemos utilizado es la versión que aparece en su libro Rastros de la vida. Artículos y remenbranzas, en 1913, titulado "Mis últimos deseos". 




sábado, 15 de septiembre de 2012

UN ARTÍCULO DE NICOLÁS ESTÉVANEZ: "CONFORME" (1906)



 Despés de tantos poemas, nos parecio interente presentar una aportación literaria diferente, un artículo de Nicolás Estévanez titulado "CONFORME" que aparece publicado en una obra atribuida al anarquista catalán Mateo del Morral, titulada: 
Pensamientos Revolucionarios de Nicolás Estévanez, recogidos y comentados por un anarquista. Barcelona, Librería Española de A. López, 1906. 
Esta obra realmente fue escrita por el mismo Estévanez y ya nos ocuparemos de ella, en otra ocasión. No queremos realizar un comentario de su contenido y condicionar las que se perciban tras su lectura. 
Así que lean y si lo desean, después debatimos, a traves de los comentarios. 
 
CONFORME

La polilla, tan pequeña, diminuta, despreciable, acaba con los muebles, con los árboles, con los edificios. No ciertamente en un día, pero acaba con ellos.
Lo mismo ha de suceder con entidades sociales, históricas, potentes, como las naciones, su polilla las devorará.
¿Es un mal? ¿Conviene a la humanidad que los Estados se apolillen?
Importa poco; no es un mal ni un bien; es un hecho positivo, inevitable, fatal, como es natural la decadencia y la muerte de cuanto alumbra el sol.
Todos los seres, individuales o colectivos, están sujetos a las leyes de la naturaleza, ante las cuales no valen subterfugios, ni fraudes ni caciques, ni interpretaciones.
De ellas, sin embargo, ha intentado la humanidad defenderse; testigo: el pararrayos.
¿Y no se ha de defender de las ridículas reglamentaciones y de los absurdos códigos formulados por pigmeos?
¡También hay pararrayos para la nube negra de las legislaciones!
Todas las leyes humanas son obra del egoísmo, cuando no de la perversidad.
Morirán los legisladores, perecerán las leyes, sucumbirán los Estados, será disuelta la sociedad actual con sus artificios y convencionalismos. Sólo sobrevivirán a las catástrofes dos entidades paralelas, que desempeñan análogas funciones en la economía del Universo, la humanidad y la polilla.

Tal vez al llegar aquí se preguntará el lector: ¿a qué viene esto?
 Pues nada, es que acabo de leer en un periódico el renglón siguiente:

«Los anarquistas, esa polilla de la Sociedad...»

Conforme.
N. ESTEVANEZ

Nota: 
Hemos publicado este articulo como consecuencia de una conversación en el Chat de FACEBOOK con nuestro amigo y colaborador asiduo Liberto Asudem Ibaraden, al que agradecemos la idea. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

NICOLÁS ESTÉVANEZ: "CONFIDENCIAL" (1900)

SALÓN DE ACTOS DEL EX CONVENTO DE SANTO DOMINGO

SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA

"98 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)"

19 DE AGOSTO DE 2012

A. C. "DLSDA"

LECTURA DE POEMAS DE NICOLÁS ESTÉVANEZ

POR ELVIRA TRICÁS Y "KALIMA & SOLFATARA"

PRESENTAMOS EL TEXTO COMPLETO Y EL VÍDEO DEL CUARTO POEMA:

"CONFIDENCIAL" (1900)

A Patricio.
Al recibir la ofrenda inesperada

de un periódico isleño bien escrito (1)

que ostenta en su portada


el viejo almendro de mi patria, amada


con amor infinito,


he sentido tan fuertes emociones


traducidas en lágrimas sinceras,

cual si tuviera en mi cien corazones

y de todos brotara á borbotones

el líquido raudal de mis quimeras.

Quimeras infantiles
que convertidas por el tiempo en agua,
si antaño dieron rasgos varoniles,
no son ya sino pálidos pérfiles,
distantes y borrosos,
de los ensueños que la mente fragua
en instantes de veras venturosos.

Mis horas de ventura
no fueron, no, las de la gloria ansiada
que fueron ¡ay! las de la vida oscura
entregado al placer de la lectura
debajo del almendro,
pues sin saber botánica ni nada
he sido un filodendro
en mi existencia errante y agitada.

Los secretos ignoro que la ciencia
lia descubierto en árboles y flores;
me falta de los sabios la paciencia
que exigen sus labores,
pero nadie me gana en suficiencia
para entender de aromas y colores.

Y cual otros recuerdan de sus viajes
haber visto palacios y museos
con artísticos trajes
ó históricos trofeos,
yo conservo nostálgica memoria
de aquellas arboledas sevillanas
que en Marzo y en Abril huelen á gloria,
y de salvajes ceibas antillanas
y de amantes palmeras africanas.

Pero más que las palmeras orientales
más que los naranjos olorosos
y más que las maniguas tropicales
ó del norte los pinos resinosos,
me enagena el almendro de mi infancia,
de blanco fruto y plácida fragancia.
Nacimos á la vez; creció frondoso
al pié de mi ventana
el árbol aromoso
el almendro feliz de mis querellas;
fuimos en la niñez grandes amigos,
y de nuestra amistad fueron testigos
la fuente más cercana,
los pájaros, las brisas, las estrellas.

Tempestades rugientes
de la vida y la lucha y las pasiones
me transplantaron de mis dulces lares,
llevándome por climas inclementes
y procelosos mares,
como van por el aire los alciones
envueltos en ciclones.

Y entretanto mi almendro solitario
cada vez más lozano y más florido
en el solar canario,
pasadas las alegres ilusiones,
cuando yo encanecido,
desciendo los postreros escalones
que conducen al reino del olvido...

Más si llega al almendro abandonado
un eco de mi triste pensamiento,
se hablarán del poeta desterrado
las hojas removidas por el viento...

Yo no sé los almendros lo que duran
en este mundo donde todo acaba,
donde todo fenece en breves días;
pero las musas de mi patria auguran
en blandas armonías,
que el que su sombra en la niñez me daba
vivirá mientras haya trovadores
en la tierra sin par de mis amores.



N. Estévanez, julio 1900.
(1) Gente Nueva