SALÓN DE ACTOS DEL EX CONVENTO DE SANTO DOMINGO
SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA
"98 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)"
19 DE AGOSTO DE 2012
A. C. "DLSDA"
LECTURA DE POEMAS DE NICOLÁS ESTÉVANEZ
POR ELVIRA TRICÁS Y "KALIMA & SOLFATARA"
PRESENTAMOS EL TEXTO COMPLETO Y EL VÍDEO DEL CUARTO POEMA:
"CONFIDENCIAL" (1900)
A Patricio.
Al
recibir la ofrenda inesperada
de un
periódico isleño bien escrito (1)
que
ostenta en su portada
el viejo almendro de mi patria, amada
con amor infinito,
he sentido tan fuertes emociones
traducidas en lágrimas sinceras,
cual
si tuviera en mi cien corazones
y de
todos brotara á borbotones
el
líquido raudal de mis quimeras.
Quimeras
infantiles
que
convertidas por el tiempo en agua,
si
antaño dieron rasgos varoniles,
no son
ya sino pálidos pérfiles,
distantes
y borrosos,
de los
ensueños que la mente fragua
en
instantes de veras venturosos.
Mis horas
de ventura
no
fueron, no, las de la gloria ansiada
que
fueron ¡ay! las de la vida oscura
entregado
al placer de la lectura
debajo
del almendro,
pues
sin saber botánica ni nada
he
sido un filodendro
en mi
existencia errante y agitada.
Los
secretos ignoro que la ciencia
lia
descubierto en árboles y flores;
me
falta de los sabios la paciencia
que
exigen sus labores,
pero
nadie me gana en suficiencia
para
entender de aromas y colores.
Y cual
otros recuerdan de sus viajes
haber
visto palacios y museos
con
artísticos trajes
ó históricos
trofeos,
yo
conservo nostálgica memoria
de
aquellas arboledas sevillanas
que en
Marzo y en Abril huelen á gloria,
y de
salvajes ceibas antillanas
y de
amantes palmeras africanas.
Pero más
que las palmeras orientales
más que
los naranjos olorosos
y más
que las maniguas tropicales
ó del
norte los pinos resinosos,
me
enagena el almendro de mi infancia,
de
blanco fruto y plácida fragancia.
Nacimos
á la vez; creció frondoso
al pié
de mi ventana
el
árbol aromoso
el
almendro feliz de mis querellas;
fuimos
en la niñez grandes amigos,
y de
nuestra amistad fueron testigos
la
fuente más cercana,
los
pájaros, las brisas, las estrellas.
Tempestades
rugientes
de la
vida y la lucha y las pasiones
me
transplantaron de mis dulces lares,
llevándome
por climas inclementes
y
procelosos mares,
como
van por el aire los alciones
envueltos
en ciclones.
Y
entretanto mi almendro solitario
cada
vez más lozano y más florido
en el
solar canario,
pasadas
las alegres ilusiones,
cuando
yo encanecido,
desciendo
los postreros escalones
que
conducen al reino del olvido...
Más si
llega al almendro abandonado
un eco
de mi triste pensamiento,
se
hablarán del poeta desterrado
las
hojas removidas por el viento...
Yo no
sé los almendros lo que duran
en
este mundo donde todo acaba,
donde
todo fenece en breves días;
pero
las musas de mi patria auguran
en
blandas armonías,
que el
que su sombra en la niñez me daba
vivirá
mientras haya trovadores
en la tierra sin par de
mis amores. N. Estévanez, julio 1900.
(1) Gente Nueva

No hay comentarios:
Publicar un comentario