jueves, 13 de septiembre de 2012

NICOLÁS ESTÉVANEZ: "CONFIDENCIAL" (1900)

SALÓN DE ACTOS DEL EX CONVENTO DE SANTO DOMINGO

SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA

"98 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE D. NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY (1838-1914)"

19 DE AGOSTO DE 2012

A. C. "DLSDA"

LECTURA DE POEMAS DE NICOLÁS ESTÉVANEZ

POR ELVIRA TRICÁS Y "KALIMA & SOLFATARA"

PRESENTAMOS EL TEXTO COMPLETO Y EL VÍDEO DEL CUARTO POEMA:

"CONFIDENCIAL" (1900)

A Patricio.
Al recibir la ofrenda inesperada

de un periódico isleño bien escrito (1)

que ostenta en su portada


el viejo almendro de mi patria, amada


con amor infinito,


he sentido tan fuertes emociones


traducidas en lágrimas sinceras,

cual si tuviera en mi cien corazones

y de todos brotara á borbotones

el líquido raudal de mis quimeras.

Quimeras infantiles
que convertidas por el tiempo en agua,
si antaño dieron rasgos varoniles,
no son ya sino pálidos pérfiles,
distantes y borrosos,
de los ensueños que la mente fragua
en instantes de veras venturosos.

Mis horas de ventura
no fueron, no, las de la gloria ansiada
que fueron ¡ay! las de la vida oscura
entregado al placer de la lectura
debajo del almendro,
pues sin saber botánica ni nada
he sido un filodendro
en mi existencia errante y agitada.

Los secretos ignoro que la ciencia
lia descubierto en árboles y flores;
me falta de los sabios la paciencia
que exigen sus labores,
pero nadie me gana en suficiencia
para entender de aromas y colores.

Y cual otros recuerdan de sus viajes
haber visto palacios y museos
con artísticos trajes
ó históricos trofeos,
yo conservo nostálgica memoria
de aquellas arboledas sevillanas
que en Marzo y en Abril huelen á gloria,
y de salvajes ceibas antillanas
y de amantes palmeras africanas.

Pero más que las palmeras orientales
más que los naranjos olorosos
y más que las maniguas tropicales
ó del norte los pinos resinosos,
me enagena el almendro de mi infancia,
de blanco fruto y plácida fragancia.
Nacimos á la vez; creció frondoso
al pié de mi ventana
el árbol aromoso
el almendro feliz de mis querellas;
fuimos en la niñez grandes amigos,
y de nuestra amistad fueron testigos
la fuente más cercana,
los pájaros, las brisas, las estrellas.

Tempestades rugientes
de la vida y la lucha y las pasiones
me transplantaron de mis dulces lares,
llevándome por climas inclementes
y procelosos mares,
como van por el aire los alciones
envueltos en ciclones.

Y entretanto mi almendro solitario
cada vez más lozano y más florido
en el solar canario,
pasadas las alegres ilusiones,
cuando yo encanecido,
desciendo los postreros escalones
que conducen al reino del olvido...

Más si llega al almendro abandonado
un eco de mi triste pensamiento,
se hablarán del poeta desterrado
las hojas removidas por el viento...

Yo no sé los almendros lo que duran
en este mundo donde todo acaba,
donde todo fenece en breves días;
pero las musas de mi patria auguran
en blandas armonías,
que el que su sombra en la niñez me daba
vivirá mientras haya trovadores
en la tierra sin par de mis amores.



N. Estévanez, julio 1900.
(1) Gente Nueva


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