jueves, 3 de enero de 2013

RETABLO CANARIO DEL SIGLO XIX

EL DOCTOR DOMINGO BELLO Y ESPINOSA
(1817-1884)


Retablo Canario del Siglo XIX,
Aula de Cultura de Tenerife, 1968.

Domingo Bello y Espinosa
Nace en La Laguna el 31 de julio de 1817. Fueron sus padres el Licenciado en Derecho y Profesor de la Universidad de San Fernando, don Domingo Bello Lenard (1) y doña Ana Espinosa y Carta. Fue hermano del pintor y discípulo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, José Lorenzo Bello y Espinosa (1825-1890), nacido asimismo en La Laguna (2).
A Domingo Bello Espinosa se le bautiza el 2 de agosto inmediato. Doctórase en Derecho en la Universidad Fernandina, después de sus estudios de Bachiller en el Instituto de su ciudad natal. En octubre de 1842 el Ayuntamiento de La Laguna encomienda a don Domingo Bello y a don Pedro Maffiotte planos y presupuestos para el aprovechamiento de aguas de la mencionada ciudad, por considerar la Corporación que eran ellos las personas más aptas para realizar este cometido.
Ejerce durante algún tiempo el cargo de Alcalde de La Laguna. El Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, en Junta de Gobierno de fecha 21 de diciembre de 1845, le elige Secretario del mismo, y cesa el 17 de enero de 1847. Le había precedido en el cargo el escritor y letrado isleño José Plácido Sansón Grandy, y le sucedió el doctor don Juan Botas Dapelo, discípulos ambos de la Universidad lagunense.
En 1850 embarcóse para Puerto Rico, donde se casa con doña Leocadia Raldiris y Ferrán, natural de Mayaguay (Puerto Rico), en la que hubo dos hijos, allí nacidos: Isabel y José.
En aquella isla abre su estudio de abogado y dedícase con intensidad a su labor de jurisconsulto, consagrando las horas que le deja libre el bufete a investigar y clasificar la flora portorriqueña. Después de haber permanecido treinta años en Puerto Rico, retorna a Tenerife en 1880 y se establece en la ciudad de su nacimiento.
Conocía el francés y el inglés. Estuvo no sólo en América sino también en varias naciones europeas como Francia y Alemania. De voluntad de acero para el estudio, con afán de autodidacta, debió a su personal esfuerzo vastos conocimientos en matemáticas, astronomía y botánica. Conocedor del dibujo y de la pintura, los utilizaba para sus trabajos de botanista. Lord Byron fue su poeta predilecto, tanto, que tradujo y publicó fragmentos de Childe Harold.
Después de una vida de labor intensa, muere en Santa Cruz de Tenerife el 21 de enero de 1884. En el cementerio de San Rafael y San Roque, sobre amplio sepulcro de mármol léese este epitafio: "El Doctor Don Domingo Bello Espinosa. 21 de enero de 1884". El 15 de enero de 1884 había otorgado testamento ante el notario don Rafael Calzadilla y Calzadilla.
Fue colaborador de la "Revista de Canarias" y de "La Ilustración de Canarias", además de haber publicado en los "Anales de la 'Sociedad de Historia Natural de Madrid" (3) sus Apuntes para la flora de Puerto Rico, obra de la que se hicieron separatas, y de la que hay ejemplares en algunas Bibliotecas de Tenerife (4).
De sus artículos en la prensa tinerfeña mencionaremos: La vitalidad de los mares (5); Magnetismo y espiritismo (6); La monja de Santa Águeda (7); El pozo de Sabinosa; Carta de un tacorontero en París (8); Una excursión más allá de las nubes (9) y La Isla de San Borondón (10).
Con el título de La Isla de San Borondón, publica también un artículo en 1881 en el "Diario de Tenerife" el escritor canario Antonio María Manrique Saavedra, natural de Tetir (Fuerteventura) y notario de Arrecife. Autor, además, de artículos como: Santa Cruz de Mar Pequeña, Estudios sobre el lenguaje de los primitivos canarios (11); La presa de un negrero (12) y Una excursión por Lanzarote (13). Escribió, amén de ésto, las siguientes obras: Blake (14); Resumen de la historia de Lanzarote y Fuerteventura (15); Elementos de geografía e historia natural de las Islas Canarias (16), y, principalmente, Guanahaní (17), su obra de más empeño en la que puso sus más caras ilusiones, según se infiere de cartas suyas que conservamos en nuestro Archivo.
De esta obra de Manrique dijo la "Sociedad Geográfica" de Madrid que era un libro importante. El tema de Santa Cruz de Mar Pequeña apasionó mucho a otros literatos canarios de la pasada centuria. El escritor peninsular Pelayo Alcalá Galiano publicó un opúsculo para impugnar algunas de las teorías formuladas por Antonio María Manrique sobre Santa Cruz de Mar Pequeña (18).
Pero volvamos a Domingo Bello Espinosa. Lo último que publicó fue un breve artículo que, fechado en 30 de noviembre de 1883 y en Tegueste, escrito aproximadamente mes y medio antes de morir, aparece en el número extraordinario de "La Ilustración de Canarias" que dedicó a la inauguración del cable (19).
La Botánica fue la ciencia predilecta de Bello y Espinosa. Los trabajos suyos que sobre esta materia conocemos son los siguientes: Apuntes botánicos de las Islas Canarias (1878), Un jardín canario (1879) (20), Apuntes para la flora de Puerto Rico (21), Catálogo de las plantas de las Islas Canarias, obra inédita de Viera y Clavijo, publicada con notas del doctor Bello Espinosa (22).
En el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, consérvanse originales de trabajos botánicos de nuestro esclarecido lagunero. De las citadas obras botánicas de Bello y Espinosa son, sin duda ninguna, las mejores: Apuntes para la flora de Puerto Rico y Un jardín canario.
Los Apuntes para la flora de Puerto Rico constituyen el primer ensayo científico sobre la misma. En Un jardín canario expone Bello y Espinosa la flora de nuestra isla. Para el desarrollo de su tema finje el autor que hallándose en Sanghai, encuentra a un tinerfeño, nacido en el Puerto de la Cruz, y de apellido González, que, ausente muchos años de su país y habiendo adquirido grandes riquezas, funda en una de sus posesiones un jardín, donde crecen todas las especies de flora canaria. En éste levántase una estatua a don José de Viera y Clavijo, cuyo Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, debió ser lectura predilecta de Bello y Espinosa.
Este, pone en boca de González el siguiente elogio de Viera y Clavijo: "Este fue el hombre (23) que a un gran saber, a una suma inmensa de conocimientos, a un gusto exquisito en literatura, unió las grandes virtudes del sacerdote, sin excluir la fina sociedad del cortesano, ni aún la jovialidad y gracioso chiste de un huésped amable. Predicador sobresaliente, de fácil y elocuente palabra; poeta fecundísimo; escritor elegante y castizo; historiador erudito y ameno; químico; aventajado naturalista; ardiente patricio; todo lo fue Viera por la fuerza de su voluntad y por la inspiración de su genio".
González y Bello deambulan por el jardín, contemplan las diversas especies botánicas y explican a la par las características de cada una de ellas por medio de diálogos amenos, que entretienen e instruyen al lector acerca de la flora canaria.
Francisco María Pinto, primer biógrafo de Domingo Bello y Espinosa (24), dice que Un jardín canario es el libro más ameno, instructivo y con mayor sabor al país que de muchos años acá se haya publicado en Canarias (25).

(Miércoles, 19 de julio de 1950)

(1) Catedrático de Matemáticas. Vid León: Historia de Canarias, pág. 147.
(2) Del que tampoco pudo añadir nada María Rosa Alonso en su Catálogo de pintores.
(3) Tomo X, 1881, págs. 231-304 y tomo XII, 1883, págs. 103-30. Estos Apuntes están fechados en La Laguna, julio de 1880.
(4) Entre ellas en la Sección Canaria de la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.
(5) "Revista de Canarias" n.° 5, pág. 74, del 8 febrero 1879. Es una recensión de la obra de Berthelot, Vitalité des mers, publ. en Marseille, 1878.
(6) "Revista de Canarias", núms. 7 y 8 de 8 y 23 de marzo de 1879, pág. 99 y 113. Magnetismo animal y espiritismo. Seguidamente a estos artículos, el 21 de abril de 1879, Miguel Miranda publica un folleto de 48 págs., estampado en la Imp. de J. Benítez, en el que analiza y rebate las ideas fundamentales de Bello y Espinosa. A continuación, éste escribe en la misma "Revista de Canarias", n. º 16 de 23 de julio de 1879, pág. 250, Algunas palabras más sobre magnetismo animal y espiritismo, en controversia con Miguel Miranda.
(7) "Revista de Canarias", n. º 42, de 23 de agosto de 1880, pág. 256 a 258.
(8) Revista cit. núms. 51 y 52, de 8 y 23 de enero de 1881, págs. 1 y 21.
(9) Ibid. año 1881.
(10) "La Ilustración de Canarias", nº XV del 15 de febrero de 1883, con un grabado que reproduce el dibujo de Viera y Clavijo en los Apuntes para la Historia de Canarias.
(11) "Revista de Canarias", año 1881. En cinco partes.
(12) "La Ilustración de Canarias" n.° XI, de 15 de diciembre de 1882, pág. 69.
(13) "Revista de Canarias", año 1881.
(14) O la guerrilla de Caramuel, reproducida por Leoncio Rodríguez en su "Biblioteca Canaria".
(15) Arrecife, Tip. Francisco Martín González, 1889, 152 págs.
(16) Las Palmas, 1873,
(17) Investigaciones histórico-geográficas sobre el derrotero de Cristóbal Colón por las Bahamas y Costa de Cuba. Arrecife, Imp. De Lanzarote, 1890, 230 págs. + 1 mapa.
(18) Memoria sobre la situación de Santa Cruz de Mar Pequeña en la costa Noroeste de África. Madrid, Imp. de los Sucesores de Rojas, 1878, 48 págs. + 1 mapa,
(19) Diciembre de 1883, pág. 14, en que dice: "La verdadera riqueza del Archipiélago Canario consiste en su posición geográfica, que nunca se ha sabido aprovechar. El telégrafo submarino es un gran paso en la senda del progreso; falta ahora desarrollar todas sus consecuencias, con unión y patriotismo".
(20) "Revista de Canarias", n. º 21 y sig.
(21) La Laguna, Tip. Craus, 1881, II vols.
(22) En "Revista de Canarias", año 1882,
(23) Pág., 34.
(24) Biografía que se publica en "La Ilustración de Canarias" del 15 de febrero de 1884, con un retrato de Bello y Espinosa, por A. C. Romero. De esta biografía extrae Padrón Acosta la mayor parte de sus datos acerca del botanista.
(25) Obras de Francisco M. ª Pinto, publicadas por el "Gabinete Instructivo". Santa Cruz de Tenerife, Imp. Isleña, 1888, pág. 237. Publicó Bello y Espinosa en la "Revista de Canarias", en el año 1880 otro trabajo titulado Sharfenberg, en que describe aquella isla inmediata a Postdam. La monja de Santa Águeda es una especie de novela corta en XIV epígrafes, escrita en 1847.

Edición y notas de:
Marcos G. Martínez

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