domingo, 6 de mayo de 2012

SECUNDINO DÍAZ RODRÍGUEZ: PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE


SECUNDINO DELGADO Y NICOLÁS ESTÉVANEZ DESDE LA COMÚN "SOMBRA DEL ALMENDRO"

Nicolás Estévanez y Murphy
Dos generaciones de revolucionarios se encuentran y se relacionan a través de Nicolás Estévanez y Murphy (1838-1914) y Secundino Delgado Rodríguez (1867-1912), con muchos puntos de afinidad y coincidencia en su trayectoria vital. Los dos son canarios, que han vivido fuera de las islas y han sentido la añoranza de la lejanía configuradora de la común "sombra del almendro" que les protege y cobija. También coincidían los dos canarios en cuestiones de indudable interés: los dos conocían y amaban a Cuba, siendo partidarios de su emancipación; por ello odiaban los dos al general Weyler, por su actuación represiva en la "Perla de las Antillas"; eran también enemigos acérrimos de la institución monárquica, eran anticlericales y ateos, republicanos y revolucionarios. Los dos simpatizaban con la ideología del anarquismo libertario, desde el que podían luchar juntos por la autonomía de los pueblos y su derecho a la autodeterminación, pero también eran defensores de la libertad y autonomía de los individuos, y por último no eran "nacionalistas burgueses", como los que hoy se atreven a utilizarlos para sus fines políticos organizando homenajes, en los que se manipula y modifica su biografía sin ningún respeto su recuerdo y memoria histórica. Los dos amaban a su patria común, a Canarias. Por ello, los dos deseaban la libertad y la plena autonomía de su pueblo en el seno de una "República Federal Universal", que englobase a todas las naciones, nacionalidades y pueblos oprimidos del mundo.
Secundino Delgado Rodríguez
A comienzos del nuevo siglo, del pasado siglo XX, se empiezan a oír voces desde el Archipiélago y desde la Metrópoli en defensa de la españolidad de Canarias. La llegada de la Guardia Civil a Canarias después del desastre de 1898 marcará el comienzo de una política nueva desde Madrid. Se puede hablar de una "españolización" acelerada de Canarias, como reacción a la cada vez más fuerte "britanización" que se había ido desarrollando a la sombra del olvido secular de Madrid. Si leemos algunos artículos de prensa de la época, observamos que se defiende el carácter español de lo canario, de tal forma que, a veces, da la sensación de que la anunciada "Regeneración" de España puede conseguirse solamente desde Canarias, porque sostienen que aquí se han mantenido intactas las esencias del españolismo más puro.
La situación política del Archipiélago estaba realmente enrarecida. En Santa Cruz de Tenerife y en Las Palmas se habían registrado incidentes, cuyos protagonistas solían ser militares repatriados de Cuba o Filipinas. Habían regresado también algunos emigrantes canarios que traían consigo los aires emancipadores del Caribe. Llegan incluso a organizar corridas de toros y a construir una plaza en Santa Cruz. También se detectan diversas campañas en las que se reivindica la Autonomía para el Archipiélago, como las llevadas a cabo por Ricardo Ruiz Aguilar.
Secundino Delgado había regresado a Canarias desde 1896, desarrollando una gran actividad sindical y política, que no vamos a tratar ahora. Era un personaje incomodo para la oligarquía local y resultaba también desagradable su presencia en la isla, para los militares españoles repatriados que habían tomado posesión de Canarias.
Casa de Secundino en Arafo (Tenerife)
Se encontraba Secundino Delgado, en su Casa de Arafo cuando, el 2 de marzo de 1902, por la mañana, se presentaron un sargento y un cabo de la Guardia Civil, que llevaban orden de conducirle a Santa Cruz de Tenerife. La orden venía del Capitán de Castilla la Nueva, que luego se supo recibía órdenes del entonces Ministro de la Guerra Weyler.
En la cárcel Modelo de Madrid fue visitado con cierta frecuencia por el anarquista gaditano Fermín Salvoechea, que se encargó de avisar a Nicolás Estévanez del encarcelamiento de su paisano Secundino Delgado, por una venganza personal de Weyler que lo acusaba de haber colocado una bomba en su Palacio, en La Habana, cuando estaba de Capitán General allí destinado.
No había pruebas, y además se daba la circunstancia de que Secundino tenía la nacionalidad cubana y estaba bajo la protección de los Estados Unidos, cuyo cónsul intervino en Tenerife, pero no pudo lograr su libertad. El Gobierno norteamericano también intervino ante el Gobierno de Madrid. El juez militar le notificó que estaba detenido por "el auto de prisión por manejos revolucionarios en La Habana, el 96, con Zayas, el doctor Echevarría, Bernard y otros". Pero se sospechaba que la verdadera causa era la campaña política que había emprendido en Canarias contra el caciquismo y a favor de la Autonomía del Archipiélago, porque Secundino no se encontraba en Cuba en 1896, según sus propias declaraciones al juez.
De esta época proviene la amistad de Estévanez con Secundino. En cuanto se enteró por su viejo amigo Salvochea, Estévanez se dirigió a la Carcel Modelo, para visitar a su compatriota. Hemos de valorar que en aquellos momentos, vivían en Madrid otros insignes canarios, que no se movilizaron para interesarse por la situación de Secundino. Un día lo visitó en la cárcel y sostuvieron una animada conversación como si se conocieran de toda la vida. Secundino narra así la impresión que le causó Estévanez:

"Es canario: el más grande de la época; el único. Mi tierra hoy solo produce eutecos, (sic) esclavos, eunucos al nacer. El que me habla no es de éstos, tiene la arrogancia de los grandes de antaño. Y si no lleva la sangre de aquellos, se ve que mamó el mismo ambiente. Antes que me diga su nombre lo adivino; es Nicolás Estévanez. Los canarios de hoy somos ¡tan pequeños!... No hablemos de esto...".

Estévanez según cuenta Secundino, le pregunta "por sus peñas", por la familia y la prisión de éste y "le cuenta riendo que Millán Astray trata de asustarlo". Añade Estévanez: "Estaría aquí, contigo, todo el día hablando de allá… de mi hermano Patricio, de mis amigos, de mi almendro... pero están ahí detrás; no me dejaron solo; nos están oyendo".
En los días que permaneció Secundino en Madrid, después de su liberación, antes de regresar a Canarias, se entrevistó con frecuencia con Nicolás Estévanez en el café de Pombo. Desgraciadamente no sabemos que hablaban los dos canarios, que tenían en común sus ideas libertarias; pero estamos seguros que hablarían con preocupación de su común patria, de su añorada "sombra del almendro".
Pensamos desde la Asociación Cultural "DESDE LA SOMBRA DEL ALMENDRO" que el mejor homenaje que se le puede hacer a Secundino Delgado Rodríguez en la conmemoración del Primer Centenario de su muerte, sería la realización de una verdadera "biografía histórica", desprovista de falsedades que sea escrita con rigor científico, rescatando su memoria, con el máximo respeto a su persona y a su legado ideológico.

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