"Con su tronco ya casi carcomido, sus brazos escuálidos y sus hojas macilentas, todavía se yergue en el jardín de la antigua casa de los Estévanez, como un valetudinario que añora tristemente su lozanía perdida. Hoy, falto de savia y de vigor, apenas si logra disimular sus achaques con algún brote florido al llegar los días primaverales. Pero sus raíces -raíces hondas- continúan firmes y ahincadas en la tierra, esforzándose en sostener la carga de decrepitud que pesa sobre ellas. Y en pie está todavía el anciano almendro, «recio como las patrias rocas»".
El Almendro de Gracia. Por Leoncio Rodríguez "Los árboles históricos y tradicionales de Canarias".
(Crónicas de divulgación). Biblioteca Canaria. S/C. de Tenerife, 1946.
El cultivo del almendro se extendió rápidamente gracias a sus propias características ecológicas, entre otras razones, porque podía prosperar en terrenos secos y duros, sobre todo en aquellos dominados hasta entonces por el pino canario. De hecho, en la actualidad, las mayores poblaciones de almendros se encuentran en zonas potenciales del pinar, como Garafía (La Palma), Vilaflor (Tenerife) o Tejeda (Gran Canaria).
Con respecto a esta última localidad, Viera y Clavijo escribía en el siglo XVIII: Tejeda es tierra de promisión para el almendro; pero el diente del ganado cabrío y la indolencia de sus naturales son obstáculos constantes para la cosecha de un fruto que podría contribuir a la felicidad del país. Y qué duda cabe que los canarios, no sólo los naturales de Tejeda, seríamos más felices si aprovecháramos mucho más este magnífico fruto que tradicionalmente se ha consumido en nuestras islas de tan diversas formas: crudo, tostado, frito, garrapiñado, en potajes, pucheros o, en repostería, para elaborar almendrados, queso de almendra, bienmesame y otras exquisiteces".
El Almendro de Santa María de Gracia. Introducción: Lazáro Sánchez Pinto. Rincones del Atlántico, nº 2.

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